La cabeza me dolía desde hacía semana y media. Tenía resacas así de estupendas. Lou empezaba a darle al vino y se disculpaba hasta que me entraban ganas de vomitar. Incluso trabajé un par de días cargando furgones. Lou se encontró una cartera en el cagadero de un bar con 35 pavos dentro. Así que seguimos dándole. Un rato. Pero tenía la sensación de que le debía algo a Lou. Creo que lo pillé una noche. Lou estaba hablando de su novia.

—¡Qué cuerpazo! ¡Qué pechos! ¡Y es joven, Hank, joven!

—¿Ah, sí?

—Solo que no puede dejar de beber. Está borracha todo el rato. No puede pagar el alquiler. Está en el sótano.

—¿En el sótano?

—Sí, ahí meten a los que no pueden pagar el alquiler.

—¿Está ahí ahora mismo?

—Sí.

Bebimos un rato. Luego dije:

—Lou, esta noche tengo que dejarlo temprano. Tengo que ocuparme de una cosa.

—Claro, hombre.

Se fue y salí y compré un quinto de whisky. Bajé al sótano. Solo había una puerta. Llamé con los nudillos. La puerta se abrió y me encontré a una chavala en bragas y sujetador, con tacones altos y nada más que un salto de cama finito. La hice a un lado y entré. Ella gritó:

—¡Fuera de aquí! ¡Lárgate de aquí!

Saqué el quinto del bolso y se lo puse delante de los ojos.

—Fuera —dijo en voz más baja.

—Qué sitio tan bonito. ¿Dónde están los vasos?

Señaló. Fui y cogí 2 vasos de agua, los llené hasta la mitad y nos sentamos en el borde de la cama.

—Bebe. Vivo arriba.

Le dejé los pechos al aire. Los tenía bonitos. Le besé el cuello y la boca. Estaba en forma. Echamos otro trago, luego le quité las bragas y se la metí. Seguía estando bien. Me quedé toda la noche, disputamos otro asalto y luego lo volvimos a hacer antes de irme por la mañana. Me pareció que le caía bien. Y la tía tenía un buen polvo.

Estaba a las tantas en casa de Lou una noche y le pregunté:

—¿Has visto a tu novia últimamente?

—No, no, te lo iba a decir. La echaron. La echaron del sótano. No la encuentro por ningún sitio. He mirado en todas partes. Dios, estoy hecho polvo. ¡Qué polvazo tenía! ¡No tienes ni idea de cómo me siento!

—Sí que la tengo, Lou.

Los dos brindamos por ella en silencio.

© Charles Bukowski: The Way The Dead Love (Tal como aman los muertos). Publicado en Congress 1, 1967. Traducción de Eduardo Iriarte.