Amparo Dávila

Amparo Dávila: El huésped

Nunca olvidaré el día en que vino a vivir con nosotros. Mi marido lo trajo al regreso de un viaje. Llevábamos entonces cerca de tres años de matrimonio, teníamos dos niños y yo no era feliz. Representaba para mi marido algo así como un mueble, que se acostumbra uno a ...
Guy de Maupassant

Guy de Maupassant: Idilio

El tren acababa de salir de Génova, y se dirigía hacia Marsella, siguiendo las profundas ondulaciones de la larga costa rocosa, deslizándose como serpiente de hierro entre mar y montaña, reptando sobre playas de arena amarilla en las que el leve oleaje bordaba una lista de plata, y entrando bruscamente ...
Ricardo Piglia

Ricardo Piglia: El Laucha Benítez cantaba boleros

1 Nunca llegaré a saber del todo si el Vikingo intentaba contarme lo que realmente sucedió esa madrugada en el club Atenas, o se quería sacar de encima la culpa o estaba loco. La historia de cualquier modo era confusa, deshilvanada: pedazos de su vida, el desconsolado saludo de guerra ...
Ernest Hemingway

Ernest Hemingway: El fin de algo

Antes, Hortons Bay era un pueblo de madereros y leñadores. Ninguno de sus habitantes se salvaba del ruido de las grandes máquinas de un aserradero que había junto al lago. Pero un año se acabaron los troncos para aserrar. Entonces, las goletas de los madereros anclaron en la bahía y ...
Ray Bradbury

Ray Bradbury: El zorro y el bosque

Hubo fuegos artificiales aquella primera noche, algo inquietantes quizá, pues recordaban otras cosas horribles, pero éstas eran hermosas realmente: cohetes que subían en el aire antiguo y dulce de México, y chocaban con las estrellas convirtiéndolas en fragmentos azules y blancos. Todo era agradable y suave. El aire era una ...
Chuck Palahniuk

Chuck Palahniuk: Caníbal

Aquí llega el capitán del Equipo Rojo. Y esto es lo que dice: —Escuchad. Está desesperado porque todavía están eligiendo equipos. Y como todos los buenos candidatos ya están cogidos, el capitán dice: —Vamos a hacer un trato con vosotros. El capitán del Equipo Rojo se cruza de brazos y ...
Manuel Mujica Láinez

Manuel Mujica Láinez: El hombrecito del azulejo (1875)

Los dos médicos cruzan el zaguán hablando en voz baja. Su juventud puede más que sus barbas y que sus levitas severas, y brilla en sus ojos claros. Uno de ellos, el doctor Ignacio Pirovano, es alto, de facciones resueltamente esculpidas. Apoya una de las manos grandes, robustas, en el ...
José Saramago

José Saramago: Embargo

Se despertó con la sensación aguda de un sueño degollado y vio delante de sí la superficie cenicienta y helada del cristal, el ojo encuadrado de la madrugada que entraba, lívido, cortado en cruz y escurriendo una transpiración condensada. Pensó que su mujer se había olvidado de correr las cortinas ...
Bernard Malamud

Bernard Malamud: Mi hijo el asesino

Se despierta sintiendo que su padre está en el pasillo, escuchando. Le escucha cuando duerme y sueña. Le escucha cuando se levanta y busca a tientas los pantalones. Cuando no se pone los zapatos. Cuando no va a la cocina para comer algo. Cuando se mira al espejo con los ...
Brian Aldiss

Brian Aldiss: Los superjuguetes duran todo el verano

En el jardín de la señora Swinton era siempre verano. Los delicados almendros estaban perpetuamente cubiertos de hojas. Mónica Swinton arrancó una rosa azafranada y se la mostró a David. —¿No es preciosa? —dijo. David levantó la cabeza y le sonrió, sin responder. De pronto, le arrebató la flor y ...
Philip K. Dick

Philip K. Dick: La hormiga eléctrica

A las cuatro y cuarto de la tarde, hora estándar de la Tierra, Garson Poole despertó en una cama de hospital y supo que estaba ingresado en una habitación de tres camas. También advirtió dos cosas: que ya no tenía mano derecha y que no sentía dolor. «Me dieron un ...
Horacio Quiroga

Horacio Quiroga: La abeja haragana

Había una vez en una colmena una abeja que no quería trabajar, es decir, recorría los árboles uno por uno para tomar el jugo de las flores; pero en vez de conservarlo para convertirlo en miel, se lo tomaba del todo. Era, pues, una abeja haragana. Todas las mañanas, apenas ...