Juan Bosch

Juan Bosch: La mujer

La carretera está muerta. Nadie ni nada la resucitará. Larga, infinitamente larga, ni en la piel gris se le ve vida. El sol la mató; el sol de acero, de tan candente al rojo, un rojo que se hizo blanco, y sigue ahí, sobre el lomo de la carretera. Debe ...
Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán: Maldición de gitana

Siempre que se trata, entre gente con pretensiones de instruida, de agorerías y supersticiones, no hay nadie que no se declare exento de miedos pueriles, y punto menos desenfadado que Don Juan frente a las estatuas de sus víctimas. No obstante, transcurridos los diez minutos consagrados a alardear de espíritu ...
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges: La intrusa

2 Reyes, I, 26 Dicen (lo cual es improbable) que la historia fue referida por Eduardo, el menor de los Nelson, en el velorio de Cristián, el mayor, que falleció de muerte natural, hacia mil ochocientos noventa y tantos, en el partido de Morón. Lo cierto es que alguien la ...
Francisco Coloane

Francisco Coloane: La voz del viento

—¡Hasta los pájaros se vuelven fieras en esta tierra maldita! —dijo la mujer del puestero, sacudiéndose la nieve en el umbral del rancho. —¡Esta es la quinta! —contestó la mujer y continuó—: ¡Todo se vuelve malo en este peladero! Tú hace días que andas dando vueltas con el cuchillo en ...
Horacio Quiroga

Horacio Quiroga: Los inmigrantes

El hombre y la mujer caminaban desde las cuatro de la mañana. El tiempo, descompuesto en asfixiante calma de tormenta, tornaba aún más pesado el vaho nitroso del estero. La lluvia cayó por fin, y durante una hora la pareja, calada hasta los huesos, avanzó obstinadamente. El agua cesó. El ...
Silvina Ocampo

Silvina Ocampo: Las vestiduras peligrosas

Lloro como una Magdalena cuando pienso en la Artemia, que era la sabiduría en persona cuando charlábamos. Podía ser buenísima, pero hay bondades que matan, como decía mi tía Lucy. Lo peor es que por más que trate, no puedo describirla sin quitarle algo de su gracia. Me decía: —Piluca, ...
H. P. Lovecraft

H. P. Lovecraft: Dagón

Escribo esto bajo una considerable tensión mental, ya que al caer la noche mi existencia tocará a su fin. Sin un céntimo, y agotada la provisión de droga que es lo único que me hace soportable la vida, no podré aguantar mucho más esta tortura y me arrojaré por la ...
Isaac Asimov

Isaac Asimov: Los ojos hacen algo más que ver

Después de cientos de miles de millones de años, pensó de súbito en sí mismo como Ames. No la combinación de longitudes de ondas que a través de todo el universo era ahora el equivalente de Ames, sino el sonido en sí. Una clara memoria trajo las ondas sonoras que ...
Ambrose Bierce

Ambrose Bierce: Al otro lado de la pared

Hace muchos años, cuando iba de Hong Kong a Nueva York pasé una semana en San Francisco. Hacía mucho tiempo que no había estado en esa ciudad y durante todo aquel periodo mis negocios en Oriente habían prosperado más de lo que esperaba. Como era rico, podía permitirme volver a ...
Julio Ramón Ribeyro

Julio Ramón Ribeyro: Las botellas y los hombres

—Lo buscan —dijo el portero—. Un hombre lo espera en la puerta. Luciano alcanzó a dar una recia volea que hizo encogerse a su adversario y dejando su raqueta sobre la banca tomó el caminillo de tierra. Primero vio una cabeza calva, luego un vientre mal fajado pero sólo cuando ...
Ray Bradbury

Ray Bradbury: Nunca más la veo

Alguien golpeó suavemente la puerta de la cocina, y cuando la señora O’Brian abrió, allí estaba su mejor inquilino, el señor Ramírez, entre dos oficiales de policía. El señor Ramírez se quedó en el porche, inmóvil, pequeño. —¡Señor Ramírez! —dijo la señora O’Brian. El señor Ramírez parecía agobiado, como si ...
Hans Christian Andersen

Hans Christian Andersen: El soldadito de plomo

Había una vez veinticinco soldaditos de plomo, todos hermanos, porque habían nacido de una vieja cuchara de plomo. Llevaban el fusil al hombro, la cabeza erguida, y el uniforme, rojo y azul, les sentaba a todos bastante bien. La primera frase que oyeron en este mundo, cuando levantaron la tapadera ...