Rudyard Kipling

Rudyard Kipling: El cuento más hermoso del mundo

“Or ever the knightly years were gone With the old world to the grave, I was a king in Babylon And you were a Christian slave.” W. E. HENLEY. Se llamaba Charlie Mears; Era hijo único de madre viuda; vivía en el norte de Londres y venía al centro todos ...
Woody Allen

Woody Allen: Si los impresionistas hubieran sido dentistas

(Una fantasía que explora la transposición de temperamento) Querido Theo: ¿Me tratará alguna vez la vida con decoro? ¡La desesperación me abruma! ¡La cabeza me va a estallar! ¡La señora de Sol Schwimmer piensa demandarme porque le hice el puente tal como sentía y no a la medida de su ...
Manuel Rojas

Manuel Rojas: Laguna

De aquella época de mi vida, ningún recuerdo se destaca tan nítidamente en mi memoria y con tantos relieves como el de aquel hombre que encontré en mis correrías por el mundo, mientras hacía mi aprendizaje de hombre. Hace ya muchos años. Al terminar febrero, había vuelto del campo donde ...
Julio Cortázar

Julio Cortázar: Orientación de los gatos

A Juan Soriano Cuando Alana y Osiris me miran no puedo quejarme del menor disimulo, de la menor duplicidad. Me miran de frente, Alana su luz azul y Osiris su rayo verde. También entre ellos se miran así, Alana acariciando el negro lomo de Osiris que alza el hocico del ...
Baldomero Lillo

Baldomero Lillo: Los inválidos

La extracción de un caballo en la mina, acontecimiento no muy frecuente, había agrupado alrededor del pique a los obreros que volcaban las carretillas en la cancha y a los encargados de retornar las vacías y colocarlas en las jaulas. Todos eran viejos, inútiles para los trabajos del interior de ...
Charles Bukowski

Charles Bukowski: Tres mujeres

Linda y yo vivíamos justo frente al parque McArthur, y una noche que estábamos bebiendo vimos por la ventana que caía un hombre. una visión extraña, parecía un chiste, pero no era ningún chiste pues el cuerpo se estrelló en la calle. «dios mío», le dije a Linda, «¡se espachurró ...
Haruki Murakami

Haruki Murakami: Los gatos antropófagos

En el periódico que compré en el puerto había un artículo sobre una anciana devorada por sus tres gatos. El suceso había ocurrido en una pequeña ciudad de las afueras de Atenas. La fallecida tenía setenta años y llevaba una vida solitaria. Vivía sola con sus tres gatos en un ...
Abelardo Castillo

Abelardo Castillo: Fermín

I Fermín no era mejor que nadie, al contrario, tal vez fuera peor que muchos. No necesitaba estar muy borracho para romperle las costillas a su mujer, y prefería ir a gastarse la plata al quilombo en vez de comprarle alpargatas al chico. Era sucio, pendenciero y analfabeto. Opinaba que ...
Anaïs Nin

Anaïs Nin: La mujer de las dunas

Louis no podía dormir. Se revolvió en la cama, se puso bocabajo, y, escondiendo la cara en la almohada, se restregó contra las sábanas calientes como si estuviera sobre una mujer. Pero cuando la fricción lo acaloró, se detuvo. Se levantó de la cama y miró el reloj. Eran las ...
Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez: Amargura para tres sonámbulos

Ahora la teníamos allí, abandonada en un rincón de la casa. Alguien nos dijo, antes de que trajéramos sus cosas —su ropa olorosa a madera reciente, sus zapatos sin peso para el barro— que no podía acostumbrarse a aquella vida lenta, sin sabores dulces, sin otro atractivo que esa dura ...
Luis Enrique Délano

Luis Enrique Délano: Las manos

BIEN puedo decir que cada vez aquella niña se me entraba más adentro en el corazón. Insensiblemente iba yo dejando mis ratos de alegría para cuando estuviera a su lado, es decir esperaba impaciente su presencia, porque cuando estaba junto a ella mi indiferencia cuotidiana se iba diluyendo para dejar ...
Manuel Rojas

Manuel Rojas: El delincuente

Yo vivo en un conventillo. Es un conventillo que no tiene de extraordinario más que un gran árbol que hay en el fondo de su patio, un árbol corpulento, de tupido y apretado ramaje, en el que se albergan todos los chincoles, diucas y gorriones del barrio; este árbol es ...