Alfredo Bryce Echenique

Alfredo Bryce Echenique: Con Jimmy, en Paracas

Lo estoy viendo; realmente es como si lo estuviera viendo; allí está sentado, en el amplio comedor veraniego, de espaldas a ese mar donde había rayas, tal vez tiburones. Yo estaba sentado al frente suyo, en la misma mesa, y, sin embargo, me parece que lo estuviera observando desde la ...
Miguel de Unamuno

Miguel de Unamuno: Redondo, El contertulio

Más de veinte años hacía que faltaba Redondo de su patria, es decir, de la tertulia en que transcurrieron las mejores horas, las únicas que de veras vivió, de su juventud larga. Porque para Redondo, la patria no era ni la nación, ni la región, ni la provincia, ni aun ...
Enrique Lihn

Enrique Lihn: Agua de arroz

Subió a la carrera los tres primeros pisos del edificio que lo absorbía con un dejo de hostilidad, como un arrendatario indeseable y luego, a semejanza de esos ágiles pasajeros que finalmente se resignan a perder el tren, enumeró los últimos tramos de la escalera con un lento paso evasivo ...
Haroldo Conti

Haroldo Conti: La balada del álamo Carolina

A mi madre, doña Petrolina Lombardi de Conti, y a la ciudad de Chacabuco, mi pueblo. Ciruelo de mi puerta, si no volviese yo, la primavera siempre volverá. Tú, florece. (Anónimo japonés) Uno piensa que los días de un árbol son todos iguales. Sobre todo si es un árbol viejo ...
Ana María Matute

Ana María Matute: Los relojes

Me avergüenza confesar que hasta hace muy poco no he comprendido el reloj. No me refiero a su engranaje interior -ni la radio, ni el teléfono, ni los discos de gramófono los comprendo aún: para mí son magia pura por más que me los expliquen innumerables veces-, sino a la ...
Antonio Skármeta

Antonio Skármeta: El ciclista del San Cristóbal

“...y abatíme tanto, tanto que fui tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance...” San Juan de La Cruz Además era el día de mi cumpleaños. Desde el balcón de la Alameda vi cruzar parsimoniosamente el cielo ese Sputnik ruso del que hablaron tanto los periódicos y ...
Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe: William Wilson

«¿Qué decir de ella? ¿Qué decir de la torva conciencia, de ese espectro en mi camino?» (Chamberlayne, Pharronida) Permitidme que, por el momento, me llame a mí mismo William Wilson. Esta blanca página no debe ser manchada con mi verdadero nombre. Demasiado ha sido ya objeto del escarnio, del horror, ...
John Cheever

John Cheever: El nadador

Era uno de esos domingos de mediados del verano, cuando todos se sientan y comentan “Anoche bebí demasiado”. Quizá uno oyó la frase murmurada por los feligreses que salen de la iglesia, o la escuchó de labios del propio sacerdote, que se debate con su casulla en el vestiarium, o ...
Luisa Valenzuela

Luisa Valenzuela: Los censores

¡Pobre Juan! Aquel día lo agarraron con la guardia baja y no pudo darse cuenta de que lo que él creyó ser un guiño de la suerte era en cambio, un maldito llamado de la fatalidad. Esas cosas pasan en cuanto uno se descuida, y así como me oyen uno ...
Rosario Ferré

Rosario Ferré: La muñeca menor

La tía vieja había sacado desde muy temprano el sillón al balcón que daba al cañaveral como hacía siempre que se despertaba con ganas de hacer una muñeca. De joven se bañaba a menudo en el río, pero un día en que la lluvia había recrecido la corriente en cola ...
Alejandro Jodorowsky

Alejandro Jodorowsky: Zipelbrúm

A nadie le importó cuando encontraron su pieza desierta. La dueña dijo: “El de la 13 ha desaparecido”. Siguieron comiendo. Un pensionista volcó el arroz sobre su armadura. Mientras limpiaba, un mozo aprovechó para comentar: “Yo sabía que el tal Octavio iba a desaparecer: por eso no me preocupaba de ...
May Sinclair

May Sinclair: Donde su fuego nunca se apaga

No había nadie en el huerto. Con prudencia, sin hacer ruido con la aldaba, Harriet Leigh salió por el portón de hierro. Siguió el camino hasta el cerco, donde, bajo el saúco en flor, la esperaba el teniente de marina Jorge Waring. Años después, cuando pensaba en Jorge Waring, Harriet ...