Leonora Carrington: ¡Vuela, paloma!

Leonora Carrington - Vuela, paloma

«¡Vuela, paloma!» (Pigeon, vole) es un cuento de Leonora Carrington, escrito entre 1937 y 1940 y publicado en 1986 en la colección Pigeon vole : contes retrouvés. Una pintora recibe una misteriosa invitación de un aristócrata llamado Célestin des Airlines-Drues para acudir a su remota propiedad. Un enigmático emisario la conduce a caballo a través del bosque hasta una sombría mansión donde se le encomienda retratar el cadáver de la esposa del anfitrión. Rodeada de personajes extraños y una atmósfera cargada de simbolismo surrealista, la artista inicia una obra que pronto comienza a reflejar una realidad inquietante y personal.

Leonora Carrington: La debutante

Leonora Carrington - La debutante

«La debutante» (Le Débutant) es un cuento de Leonora Carrington, publicado en el libro La Maison de la Peur (1938). La protagonista es una joven de alta sociedad, solitaria y desencantada, cuya única amiga es una hiena del zoológico. Desesperada por evitar su propio baile de debutante, la joven idea un plan insólito: intercambiarse con la hiena para que esta la reemplace en la fiesta. Con una atmósfera absurda, grotesca y cargada de humor negro, el relato de Carrington explora la rebelión contra las tradiciones y las rígidas convenciones sociales de su época.

Leonora Carrington: Conejos blancos

Leonora Carrington - Conejos blancos

«Conejos blancos» (White Rabbits) es un perturbador cuento de la escritora surrealista Leonora Carrington, publicado en los números 9-10 de la revista View entre 1941 y 1942. Considerado por Julio Cortázar como uno de los mejores relatos de la historia, narra la experiencia de una joven que, poco después de instalarse en una inquietante y brumosa calle de Nueva York, descubre que la sombría casa de enfrente, que ella creía vacía, está ocupada por una misteriosa mujer que alimenta a un cuervo desde su balcón. Entre ambas se entabla una breve conversación, en la que la mujer le hace una extraña petición. Intrigada, la protagonista cruza la calle para cumplir el encargo, sin sospechar la macabra experiencia que le espera.