Lev Tolstói

Lev Tolstói: El viejo caballo

En nuestra finca había un viejo llamado Pimén Timofeich. Había cumplido noventa años. Vivía con un nieto. Estaba encorvado y andaba muy lentamente, apoyándose en un cayado. Tenía la boca desdentada y la cara surcada de arrugas. Le temblaba el labio inferior. Al caminar o al hablar, solía mover los ...
Julio Llamazares

Julio Llamazares: Piloto suicida

Aquella mañana, mientras desayunaba en la cocina de su casa, a las siete y media en punto, igual que de costumbre, Antonio Segura no podía imaginar lo que el destino le tenía reservado en ese día. Era un sábado radiante de verano, los pájaros cantaban detrás de la ventana, en ...
Juan Carlos Onetti

Juan Carlos Onetti: El cerdito

La señora estaba siempre vestida de negro y arrastraba sonriente el reumatismo del dormitorio a la sala. Otras habitaciones no había; pero sí una ventana que daba a un pequeño jardín pardusco. Miró el reloj que le colgaba del pecho y pensó que faltaba más de una hora para que ...
Antón Chéjov

Antón Chéjov: El álbum

El consejero titular Craterof, hombre delgado como la flecha de un campanario, se adelanta, y volviéndose a Imikof le dijo: —¡Excelencia! Conmovidos por la bondad que nos demostró usted durante los años que fue nuestro jefe... —Más de diez años —interrumpe Zakusin. —Más de diez años hemos tenido el honor ...
Clarice Lispector

Clarice Lispector: Felicidad clandestina

Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora ...
Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán: La puñalada

Mucho se hablaba en el barrio de la modistilla y el carpintero. Cada domingo se los veía salir juntos, tomar el tranvía, irse de paseo y volver tarde, de bracete, muy pegados, con ese paso ajustado y armonioso que sólo llevan los amantes. Formaban contraste vivo. Ella era una mujercita ...
Ryunosuke Akutagawa

Ryunosuke Akutagawa: Un cuerpo de mujer

Una noche de verano un chino llamado Yang despertó de pronto a causa del insoportable calor. Tumbado boca abajo, la cabeza entre las manos, se había entregado a hilvanar fogosas fantasías cuando se percató de que había una pulga avanzando por el borde de la cama. En la penumbra de ...
Giovanni Papini

Giovanni Papini: El mendigo de almas

Había gastado en un café, a primeras horas de la noche, los últimos céntimos que me quedaban sin que la acostumbrada bebida me hubiese dado la inspiración que buscaba y de la que tenía inmediata necesidad. En esos tiempos pasaba casi siempre hambre, hambre de pan y de gloria, y ...
Julio Cortázar

Julio Cortázar: La isla a mediodía

La primera vez que vio la isla, Marini estaba cortésmente inclinado sobre los asientos de la izquierda, ajustando la mesa de plástico antes de instalar la bandeja del almuerzo. La pasajera lo había mirado varias veces mientras él iba y venía con revistas o vasos de whisky; Marini se demoraba ...
Guy de Maupassant

Guy de Maupassant: La mano

Todos rodeaban al señor Bermutier, juez de Instrucción, que refería el suceso misterioso de Saint-Cloud. Aquel inexplicable crimen, que había aterrado a París, no era comprendido por nadie. El señor Bermutier, en pie, apoyado en la chimenea, hablaba, comentando las varias opiniones, aduciendo pruebas, pero sin deducir afirmación alguna. Varias ...
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges: La biblioteca de Babel

By this art you may contemplatethe variation of the 23 letters… The Anatomy of Melancholy,part. 2, sect. II, mem. IV El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por ...
Juan José Arreola

Juan José Arreola: El guardagujas

El forastero llegó sin aliento a la estación desierta. Su gran valija, que nadie quiso cargar, le había fatigado en extremo. Se enjugó el rostro con un pañuelo, y con la mano en visera miró los rieles que se perdían en el horizonte. Desalentado y pensativo consultó su reloj: la ...