Mary Shelley: Los peregrinos

Mary Shelley - Los peregrinos

«Los peregrinos» (The Pilgrims) es un cuento de Mary Shelley, publicado en 1837 en The Keepsake y recogido luego en la colección Tales and Stories (1891). Burkhardt de Unspunnen, un solitario y anciano caballero, vive atormentado por dolorosos recuerdos. Una noche, dos jóvenes peregrinos llegan a su castillo buscando refugio, y él los acoge con generosidad. Los desconocidos, conmovidos por la evidente aflicción de su anfitrión, le ruegan que comparta el motivo de sus penas. Burkhardt relata entonces la historia de una pérdida irreparable y un arrepentimiento devastador, que consume su existencia.

Lord Dunsany: El tesoro de los gibbelins

Lord Dunsany - El tesoro de los gibbelins

«El tesoro de los gibbelins» (The Hoard of the Gibbelins) es un cuento de Lord Dunsany, publicado el 25 de enero de 1911 en la revista The Sketch y luego recogido en la colección The Book of Wonder (1912). En el confín del mundo, más allá de un antiguo río, se alza la torre de los gibbelins, seres monstruosos que acumulan riquezas fabulosas para atraer a los hombres y devorarlos. Alderic, un caballero, estudia durante años la forma de despojar a los gibbelins de su tesoro, hasta que un día, montado en un dragón, se lanza a la arriesgada empresa.

Arthur Conan Doyle: La nueva catacumba

Arthur Conan Doyle - La nueva catacumba

«La nueva catacumba» (The New Catacomb) es un cuento de Arthur Conan Doyle, publicado en 1898 en The Sunlight Year-Book. En la Roma de finales del siglo XIX, Burger y Kennedy son dos jóvenes y prestigiosos arqueólogos unidos por una relación de rivalidad intelectual y mutua admiración. Durante una conversación en la casa de Kennedy, Burger le confía un descubrimiento extraordinario: ha hallado una catacumba cristiana de época romana, intacta y desconocida hasta entonces. Fascinado, Kennedy insiste en conocer el lugar y acceder a sus secretos. Tras mostrar ciertas reticencias, Burger acepta guiarlo en una exploración nocturna, pero impone antes una peculiar condición.

Mary Shelley: El mal de ojo

Mary Shelley - El mal de ojo

«El mal de ojo» (The Evil Eye) es un cuento de Mary Shelley, publicado en 1829 en The Keepsake y recogido después en Tales and Stories (1891). Ambientado en los Balcanes bajo la dominación otomana, narra la historia de Dmitri, un temido bandido albanés al que se atribuye el poder sobrenatural de causar daño con la mirada. Su pasado trágico y su reputación despiertan el temor y la superstición en los habitantes de la región. Cuando un antiguo compañero llega solicitando su ayuda para recuperar una herencia familiar, Dmitri acepta participar en un plan que lo conducirá por un laberinto de aventuras donde la violencia, el honor y la sed de venganza amenazan con despertar fantasmas que parecían enterrados.

Graham Greene: El final de la fiesta

Graham Greene - El final de la fiesta2

«El final de la fiesta» (The End of The Party) es un cuento de Graham Greene, publicado en la colección The Basement Room en 1935. Francis Morton despierta angustiado la mañana del 5 de enero, día de la fiesta anual de la señora Henne-Falcon. Francis es un niño frágil que padece un terror irracional a la oscuridad y sabe que en la celebración jugarán al escondite sin luces. A pesar de sus ruegos y del rol protector de su hermano gemelo Peter, Francis no logra evadir el evento. A medida que transcurren las horas, el clima de ansiedad, expectativa y tensión emocional que rodea a Francis se vuelve cada vez más opresivo.

H. G. Wells: La floración de la extraña orquídea

H. G. Wells - La floración de la extraña orquídea

«La floración de la extraña orquídea» (The Flowering of the Strange Orchid) es un cuento corto de H. G. Wells, publicado el 2 de agosto de 1894 en Pall Mall Budget. La historia sigue a Winter-Wedderburn, un hombre tranquilo y solitario que encuentra emoción en su afición por cultivar orquídeas exóticas. Un día adquiere una planta extraña recolectada en regiones remotas, lo que despierta en él una sensación de misterio. Fascinado por su crecimiento inusual, pasa los días atendiendo el invernadero, sin sospechar que la orquídea encierra algo más que belleza.