Enrique Lihn: Agua de arroz
Subió a la carrera los tres primeros pisos del edificio que lo absorbía con un dejo de hostilidad, como un arrendatario indeseable y luego, a semejanza de esos ágiles pasajeros que finalmente se resignan a perder el tren, enumeró los últimos tramos de la escalera con un lento paso evasivo. Sólo eran las once y … Leer más